sábado, 25 de julio de 2020
El Mundo Reducido a Ti
Ven,
sígueme
has de cuenta que ambos somos la misma moneda,
tu rostro de un lado,
el mío del otro.
Cuéntame tus secretos,
prometo no difamarlos.
No edites tus pensamientos, amo tu forma de estar en el mundo.
No te culpes, nadie eligió donde estar, el azar no tiene escrúpulos.
¿Sabías que te amo?
Tu estrella encandiló a mi estrella y fue entonces cuando todas las cicatrices volvieron a sangrar.
¿Sabías que sueño contigo?
Te has filtrado por mis poros y has anidado en mis huesos.
¿Me prestarías tus esperanzas por un rato?
Es que llevo media vida jugando dominó con mi vida y hay muy pocas piezas en pie.
Ven,
Sígueme
Ven a prisa, vuela en mi búsqueda, alza tus alas y expulsa el polvo del desdén de ellas, yo sigo esperando por ti,
el vino sabe mejor si eres tú quien sirve la segunda copa,
mi vida sabe mejor así.
No desesperes por la distancia,
olvida los kilómetros que existen de tu boca a la mía, te apuesto que el amor lleva equipaje ligero y ansía viajar en primera clase,
el amor que yo ofrezco,
viaja con apenas un abrigo y un par de cigarrillos por si llegas a la velada.
No temas que la noche nos encuentre a solas,
prometo acariciar tus miedos hasta que el invierno me perdone por amarte y haré desaparecer el tiempo por completo, para que le pierdas el miedo a lo eterno y juegues de nuevo en las orillas del mundo que rodean tu ombligo.
Ven,
Voy a enseñarte a amar sin miedo
A soñar despiertos
Caminaremos bajo la lluvia en un atardecer de mayo y sabremos a qué sabe el mundo reducido en un sin fin de historias que nadie se atrevió a contar, porque nadie ama como nosotros, porque somos capaces de amar entre tormentas, de provocar eclipses en la lluvia, de mirar al mundo como dioses y como hormigas, de sentirnos a lo lejos, de vivir.
Corazones llenos de Espinas
Según van pasando los días,
los tropiezos
y las caídas
entiendes que la vida no es un camino de rosas,
que, a veces, pincha,
que, en ocasiones, corta;
que por cada persona que lo llena todo de terciopelo,
se encuentran demasiados corazones llenos de espinas;
que por cada sonrisa de esas que te pintan la vida de colores, aparecen dos nubes que quieren dejarlo todo de color gris;
te das cuenta también de que la vida consiste en caminar con alguna que otra piedra en el zapato,
con alguna que otra delante que te hace caer;
que hay nidos que por mucho que digan,
no quieren verte volar y solo te congelan las ganas y las ramas;
que hay cascadas que no tienen agua y que es mejor ir saltando de charco en charco a lanzarse donde solo hay piedra y heridas.
Menos mal que,
poco a poco,
al fin,
lo entiendes todo
y sales a la calle siendo valiente, sabiendo que no eres las espinas que pincharon tus ilusiones hasta perderlas como un globo en una feria,
porque hoy eres la suma de todos esos parches que has ido cosiendo en tu piel,
disfrutando de la lluvia porque no eres los chaparrones que te pillaron sin paraguas y te dejaron a la deriva,
porque eres todos los abrazos que te cubrieron y que te mantuvieron el corazón caliente aunque fuera estuviera nevando,
jugando con el aire porque no eres el miedo a volar y a abandonar ese árbol,
porque eres todas las veces que te rompiste las alas y las arreglaste justo antes de caer de golpe,
esquivando los piedras que te impidieron caminar,
porque eres todas las que te quitaste para volver a andar con la cabeza alta,
y, lo más importante:
que no eres lo que el pasado quiso que fueras
porque eres el presente que siempre quisiste ser.
jueves, 23 de julio de 2020
EL GIGANTE EGOÍSTA Oscar Wilde
Los niños pasaban junto al jardín del Gigante todas las tardes cuando salían de la escuela.
La hierba del suelo parecía una alfombra de terciopelo verde y las florecillas brotaban entre ella. También crecían doce albérchigos que daban ricos frutos. Los pajarillos se posaban en sus ramas piando con dulzura. Y los niños decían:
-¡Qué felices seríamos si pudiésemos jugar ahí!
El Gigante hizo un viaje que duró siete años. Cuando volvió a su castillo vio que los niños jugaban en el jardín. Y gritó con voz de trueno:
-¿Qué hacéis aquí?
Los niños echaron a correr llenos de miedo.
- Este jardín es sólo mío y no permitiré que nadie se aproveche de él.
Desde aquel día los pobres niños pasaban por delante del jardín sin poder entrar. Y recordaban lo felices que habían sido allí.
Llegó la primavera y todos los árboles se llenaron de flores y pájaros. Sólo el jardín del Gigante seguía como en invierno. Los pájaros no cantaban porque no veían a sus amigos los niños y los árboles se olvidaron de hacer brotar sus capullos.
En cambio, el hielo y la nieve estaban contentos.
- ¡Que bien estamos aquí! La primavera se ha olvidado de este jardín y vamos a vivir todo el año en él. Podemos invitar al viento frío para que pase una temporada en nuestra compañía.
Y el viento frío llegó rugiendo y derribando chimeneas.
También invitaron a su amigo el granizo. Y todas las tardes caía con fuerza sobre los tejados, rompiendo casi todas las tejas del castillo.
El Gigante, sentado detrás de la ventana, miraba al jardín y decía:
- No comprendo por qué la primavera no llega a mi jardín.
Pero la primavera no llegó. Ni el verano tampoco. Y el otoño vino repartiendo sus frutos en todos los jardines, menos en el suyo.
Una mañana, el Gigante acababa de levantarse y, al echar una mirada sobre su jardín, vio a un niño chiquitín en el rincón más apartado. Allí había un árbol cubierto de nieve y el viento rugía entre sus ramas.
El niño abría sus bracitos para alcanzarlas, pero no podía y lloraba dando vueltas alrededor de su tronco.
El Gigante pensó al verlo:
- ¡Qué egoísta he sido! Nunca he ayudado a nadie: todo lo he querido para mí. Por eso la primavera no quiere venir a mi jardín.
Entonces bajó las escaleras para ayudar al niño a subir al árbol. Los niños que lo vieron echaron a correr asustados. Sólo quedó el pequeñín y no escapó porque tenía los ojos llenos de lágrimas y no podía ver.
El Gigante se acercó a él y, cogiéndolo con sus manazas, lo colocó en el árbol. Entonces el jardín se cubrió de rosas y los pájaros se posaron en los árboles piando con alegría.
El niño chiquitín, muy agradecido, rodeó el cuello del Gigante con sus bracitos y le dio un beso.
Los demás niños, al ver que el Gigante no era tan malo, entraron en el jardín y allí reinó otra vez la primavera. Y todos los días volvieron a jugar con él.
Pero el Gigante estaba triste. Ya no volvió a ver más a aquel niño chiquitín que le dio un beso.
Pasaron los años. El gigante se hizo viejecito y no podía bajar a jugar con los niños. Los miraba, sentado en su sillón.
Una mañana de invierno vio con sorpresa que el árbol del rincón más apartado del jardín, estaba lleno de flores blancas. Allí estaba también el niño chiquitín, al que ayudó una vez a subir a sus ramas.
Bajó hacia aquel lugar lleno de alegría. Se acercó al niño y le preguntó:
- ¿Quien eres tú, bello niño?
El niño sólo le contestó:
- Tú me dejaste jugar un día en tu jardín; hoy jugarás tú en mi jardín.
Aquella tarde, cuando los niños salieron de la escuela y entraron en el jardín del Gigante, vieron a este dormido para siempre bajo el árbol de su rincón más apartado.
El Gigante tenía la sonrisa en los labios y todo su cuerpo estaba cubierto de preciosas flores blancas.
Oscar Wilde!
La derrota debe ser estar sin ti
Lo más cercano a la derrota debe ser estar sin ti, donde mi tristeza nace de vivir sin sentir tu aliento, del no poder escuchar tu tierna voz confundirse con el canto de las aves por los cielos resplandecientes; donde mi felicidad sería algo parecido a una tarde de verano donde tu alma se confunde con la mía apenas el sol me toca la cara y su calidez se convierte en tu nombre.
Mientras lo pienso cierro los ojos intentando que la imagen no se escape de mi mente, que no huyas de mis pensamientos como lo has hecho de mi vida.
Que te quedes aquí un segundo más, sin percatarte de ello. Mientras yo me río por lo bajo, sabiendo que le estoy jugando una mala pasada al tiempo y de paso a la realidad.
Pero luego caigo en cuenta de que no estás, de que sigo preparando café para dos, de que me sobra espacio en la casa, tiempo por las tardes, palabras en la boca, vida para compartirla con alguien... resumiendo, me sobra absolutamente todo sin ti, mientras el hueco en el sofá me sigue hablando de viejos recuerdos donde el eco de nuestras risas era sincero... ahora hasta me cuesta respirar y mirarme al espejo sin ver tu reflejo detrás.
No hay peor derrota que mirar mis manos y saber que le faltan las tuyas, que me sostuve todo este tiempo de un ideal y no de lo que realmente eras... ahora solo amo el recuerdo de lo que alguna vez fuimos.
Noche Obscura
La vida ............... y todo para que,
para quedar en un simple y vulgar recuerdo.
Sigo estando seca, ya no siento nada,
ni dolor, ni alegría, tal vez es la ausencia de mi dulce
y gran corazón que ya no esta en su lugar.
Ya no sueño.........quien lo diría
yo soñadora incansable.
El mes pasado cumplí años,
voy creyendo que no tengo futuro,
Que pienso de Abad?, no se, ahora no se,
de la vida tampoco lo se.
Sigo sin encajar, yo misma me considero una especie
extraña, rarisima .
Ahora solo se que tengo que encontrar a mi hermano vivo o muerto,
mi padre me ha dicho con lagrimas que quisiera saber que su cuerpo tiene
un lugar.
No se que pasara conmigo..........

miércoles, 22 de julio de 2020
Y el corazón no deja de latir
Y han pasado ya los años,
y el corazón no deja de latir.
Y han pasado algunos días,
y he perdido muchas noches.
Y he fingido algunas sonrisas,
y he callado otros reproches.
Muchos ojos sostuvieron mi mirada,
muchos labios probaron mi poesía.
Pero ningunos como los de mi amado.
La tristeza de hoy, ayer se llamó alegría.
Con la tinta del olvido
inmortalicé tu cariño;
y con la ceniza del amor
hice poesía del dolor.
Y han pasado ya los años,
y el corazón no deja de latir.
La inspiración hizo de las suyas,
un verso le robé a tu recuerdo.
Y así, me gané el cariño de otras musas,
cariño efímero que hoy ha muerto.
Amores de temporada,
de invierno a primavera
perseguí algunas quimeras,
deshojando pétalos al alba.
Promesas incumplidas ahora me persiguen.
Mentiras verdaderas respondieron mi querer.
De todos mis amores, soledad, la más sublime,
acentúa con los años tu cariño.
lunes, 20 de julio de 2020
Unicornios en mi Cielo
Cuando creía que todo estaba perdido,
que la sequía y
las tormentas habían extinguido a los unicornios...
De repente aparecieron en su cielo...
Era la señal que confirmaba que era una sobreviviente
de la obscuridad...
Buen agurio para volver a comenzar💗💖💜
las tormentas habían extinguido a los unicornios...
De repente aparecieron en su cielo...
Era la señal que confirmaba que era una sobreviviente
de la obscuridad...
Buen agurio para volver a comenzar💗💖💜
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