domingo, 23 de abril de 2017

Engañada

Aceptó su mano, hechizada, y él la atrapó en su oquedad.
Allí, donde, antes, la había hecho suya,
allí, donde sería presa, fácil, de su oscuridad


El altar, donde otras, como ella, sucumbieron
entregando su alma, en las manos inclementes
de un feroz destructor. De un depredador.


Nuevamente, en él confió. No hubo llantos,
ni temor al dolor, o al desencanto.
Él extendió su mano y ella, ingenua, el paso, dio.


Se agarró a esa mano, como se aferra al salvavidas un náufrago,
confiada, creyendo que él, no soltaría su mano.
Olvidando, que se enfrentaba al mismo y hábil, ser malvado.


Subió hacia el altar, escalón a escalón, paso a paso,
y hasta sonrió, radiante, en el momento en el que él, levantó la mano

asestando en su tierno corazón, sin compasión, el certero puñal, del engaño.



Twilight in the Labyrinth:

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